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Vamos!

CARTELFESTIVO

Atendiendo a la finalidad de los temas y mensajes publicitarios, la obra cartelística de Álvarez Gámez, la podríamos clasificar en diferentes apartados:
Festivos, de certámenes, comerciales, culturales, benéficos, deportivos, turísticos y religiosos. No es lugar estas páginas para entrar en un análisis exhaustivo de cada uno de estos grupos, sí creemos oportuno recoger uno de ellos, el cartel festivo, por ser el que en mayor número está presente en la obra y en esta misma exposición. Estos carteles estaban destinados a anunciar las fiestas populares de localidades andaluzas, considerando la Semana Santa de Sevilla, como una festividad sin menoscabo de su carácter religioso.
La presencia de la belleza de una mujer andaluza ataviada con el traje de faralaes, que por su formación pictórica no tenía dificultades de realizar, será casi siempre la constante temática con la que resolverá los carteles destinados a anunciar las ferias de las diferentes localidades andaluzas, convocantes de concursos para tales efectos.
Estas afirmaciones se pueden contrastar en la obra con la que concurrió en 1953, en Jerez, para su Feria de Primavera de 1954, ciudad en la que cosecharía posteriormente varios éxitos. El aludido cartel jerezano, presenta en primer término la figura grácil de una flamenca con traje en tonos rojizos, que con su postura inclinada en actitud de recoger el vestido, da un gran dinamismo y añade dificultades a las líneas compositivas; se completa en el fondo con un jinete y su caballo dibujado fragmentariamente. El cartel es toda una instantánea de las horas matinales de la feria, en la que el paseo de caballos es el principal protagonista, a pesar de que en esta obra es tratado referencialmente, quizá porque a nuestro cartelista le interesó resaltar la figura femenina a la cual dota de una belleza muy en consonancia con la época. El fondo donde se recorta tanto la cabeza del caballo y de la mujer es un valiente amarillo, que da un clima de lo más festivo y alegre junto a los rojos del vestido, donde a través de los claroscuros consigue una plena
volumetría. Está patente la utilización de la tinta plana en todo el diseño.

El cartel de la feria de Jerez de 1954 puede ser representativo del cartel de Álvarez Gámez en los años cincuenta, siendo similares en concepción por tanto los de El Puerto de Santa María (1954) y Córdoba (1955).
No sólo irá evolucionando su cartelería festiva desde un punto de vista técnico-formal, sino que también de modo paralelo desarrolló una plástica más sintética y menos pormenorista, buscando una mayor impronta en motivos simbólicos ampliados a gran tamaño, quizá influido por el cartel cinematográfico, que utiliza mucho este recurso. Esta evolución posibilita el aunar obras como la destinada a la Feria de Sevilla (1966), Fiestas y Feria de Mayo de Córdoba (1967-1968), así como el cartel también premiado para anunciar la Feria de Sevilla de 1973.
Carteles que, aunque distintos por composición y cromatismo presentan soluciones temáticas idénticas: plasmación de la belleza femenina andaluza en un rostro que ocupa la mayor parte de la superficie del cartel y del que toma los atrayentes ojos como punto focal.
Nos puede servir como modelo de análisis referenciado: «Mujer y Símbolos», uno de los carteles más conocidos y reproducidos de Álvarez Gámez. Opone al colorido cálido y vivo, propio de sus carteles festivos, tonalidades azules, sobre las que a modo de espejismo con trazos negros, se nos aparece la imagen femenina, adornada con una caprichosa peina -la luna-. El color rojo de gran intensidad lo dosifica en unos sensuales labios y en un clavel, quedando unidos en una metáfora. Como contrapunto a este silencio misterioso y mágico que desprende la mirada femenina, opone unos tonos ocres ocupados por la guitarra del primer término y la silueta del inconfundible alminar. Las líneas compositivas se completan con las diagonales de un sombrero de ala ancha y una impecable rotulación.
Otra vertiente dada por Álvarez Gámez al cartel de feria, está representada en carteles destinados a fiestas de localidades con sabor muy popular, resueltos con grandes dotes de ingenio, gracia elegante y amabilidad. Carteles de esta tipología fueron entre otros, los realizados para las Fiestas de la Vendimia de la Palma del Condado (1967-1968) y los de las Fiestas del Jamón en Aracena (1967-1970).