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Biografía

José Álvarez Gámez nació en Sevilla, un primero de Julio de 1925. Hijo de Diego Álvarez González y Antonia Gámez Ortega, modestos comerciantes de la Sierra de Cádiz que hicieron de esta ciudad su lugar de residencia habitual, domiciliándose en la calle Enladrillada, en San Román, uno de los más coloristas populares y antiguos de los barrios de Sevilla. Álvarez Gámez fue un niño como cualquier otro que jugaba a la «piola», a la pelota, a las bolas… pero que además entre sus juguetes se encontraban también los lápices de colores, un pequeño surtido de acuarelas y una paleta que una tía suya le había regalado con siete años por propia petición, y digo entre sus juguetes porque en realidad éstos acompañados de una destacable habilidad dibujística le posibilitaban la autofabricación de soldaditos de papel con los que jugaba. La formación escolar la llevó a cabo en los Salesianos de la Santísima Trinidad, no tardando muchos años, parece ser que tenía once años, cuando ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de la Macarena, tomando sus primeras clases de dibujo de Santiago Martínez y Rafael Cantarero e iniciándose en una formación académica un tanto anárquica, como podremos ver más adelante. En 1940, se crea la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, existiendo una oposición paterna a que Álvarez Gámez se matriculara, obligándole prácticamente a que enfocara sus estudios de forma más «provechosa» hacia una carrera que entonces estaba de moda, la de Comercio, estudios que cursó con cierta apatía, pero eso sí, con matrículas de honor en las disciplinas de caligrafía y dibujo. Después de la experiencia de sus estudios mercantiles y llevado por los imperativos de una dura época, la posguerra, comenzó a trabajar como dibujante en un taller de fotograbados, «Velasco-Gori», en la calle Alemanes, que le brindó la oportunidad de conocer una serie de técnicas gráficas y publicitarias que le iniciarían y marcarían, más tarde, en un camino, el del cartel publicitario, que llegaría a dominar magistralmente. A pesar de haberse visto abocado al mundo del trabajo, no soslayó por ningún momento la oportunidad de seguir su formación artística en los salones de que disponía la Escuela Central de Artes y Oficios en los altos del Pabellón Mudéjar de la Plaza de América. Enseñanzas que tenían horarios nocturnos y que él compatibilizaba con el trabajo. Fueron dos cursos en esta ocasión los que siguió, en los cuales hubo una asignatura «Procedimientos pictóricos», clave en su formación, que estaba a cargo de Gustavo Gallardo y en ella enseñaba los secretos del color, sus leyes valorativas, su confección a partir de los pigmentos, más toda una serie de procedimientos como acuarela, temple y óleo, así como la resolución plástica de un cartel. Otro hito en la vida artística de Álvarez Gámez, fue su nuevo trabajo en otra agencia de publicidad, «Gong», en la calle Miguel de Mañara, donde conoció a Carlos Hermoso Araujo, pintor, ceramista y dibujante de publicidad, el cual fue, según confesó en muchas ocasiones, fue el que lo inició en las lides cartelísticas. Como podemos apreciar, la faceta de Álvarez Gámez como grafista y publicitario se estaba formando en las agencias de publicidad y talleres litográficos, pero su otra faceta artística seguía conformándose en las sesiones nocturnas de Dibujo, impartidas en la Sección de Bellas Artes del Ateneo de Sevilla, iniciándose en el dibujo del natural. Mediados los años cuarenta comienza sus primeros ensayos de óleo, al principio interpretando a los artistas seiscentistas del Museo de Sevilla. En él dejarían una profunda huella Murillo, Zurbarán y Valdés Leal.

Por entonces era director de la pinacoteca el pintor Alfonso Grosso, quien descubriera sus cualidades pictóricas y le aconsejara su matriculación en la Escuela de Bellas Artes. Este consejo sólo lo siguió parcialmente, al matricularse por libre en algunas asignaturas, única forma de hacerlo compatible con su trabajo y con su carácter un tanto anárquico. De Alfonso Grosso recibió una fuerte impronta a través de sus clases de «Colorido y Composición», pero será también de otro pintor sevillano, esta vez fuera de los ámbitos académicos, del que siguió consejos que marcarían estrechamente su obra. Me estoy refiriendo a Diego López, pintor de retratos y bodegones, seguidor de la Escuela Holandesa Barroca. En 1946, colgaron por primera vez en la Exposición de Otoño cuatro óleos suyos y la crítica especializada dijo de sus cuadros: «sensibles lienzos del joven pintor,  de felices atisbos, José Álvarez Gámez. Sus dos paisajes de Alcalá de Guadaira muy entonados e interpretados con singular y exquisita delicadeza». Su primer galardón y punto de partida de otros posteriores le llegó de la mano de su primera obra de envergadura «Caridad con nosotros mismos», en la Exposición-Concurso de Artesanía de Sevilla celebrada en septiembre de 1949. Con el inicio de los años cincuenta animado, como él decía, por Carlos Hermoso y su también amigo Manuel Troncoso, sin olvidar la fuerte tradición existente en Sevilla de importantes pintores que se habían dedicado al cartel, Álvarez Gámez realiza su debut en este terreno presentando al concurso anunciador de la Semana Santa y Feria de Sevilla de 1950 un cartel pintado con técnica mixta, temple y acuarela: «Domingo de Pasión», que no tuvo la fortuna de obtener premio pero que presentaba unas acuciadas y fuertes características, anuncio de lo que serán sus concepciones cartelísticas futuras: tonos brillantes y motivos simbólicos en primer término y de gran tamaño, donde se localiza un punto focal. Estas constantes que veremos de forma gráfica a lo largo de toda su obra cartelística, las expuso de forma teórica cuando realizó la Memoria de Licenciatura en Bellas Artes después de una dilatada experiencia en el grafismo publicitario, y que creemos convenientes reproducir en estas notas biográficas, pues sus palabras pueden despejar muchas dudas que hacen que en los últimos años los carteles de las Fiestas Primaverales de nuestra ciudad hayan caído en confusionismo y se haya desvirtuado la verdadera idea publicitaria como su principal génesis. En ella leemos: «Un punto focal vigoroso se obtiene: por contraste u oposición de colores, por el orden de composición, evitando que varios puntos de la misma se disputen a la vez la atención del espectador (…), para atraer la atención despertando interés rápido y fugaz es regla la eliminación de todo detalle innecesario y superfluo. Delante del cartel el espectador pasará y si la idea gráfica en íntima fusión con un eslogan breve y expresivo incluirá una idea completa, fuerte, sintética y atractiva, entonces el cartel cumplirá su especial misión de sugerir». También por estos mismos años participó en distintas ediciones de la Feria Muestrario Internacional de Valencia, donde obtuvo varios primeros premios. Mientras tanto continúa su otra faceta artística, pintando nuevos cuadros que presentó a diferentes certámenes, como la III Exposición Provincial de Arte de 1951, que le valió una beca de estudios en Mallorca.